Luego de su secuestro, tortura, revictimización y pocos avances en materia de justicia, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió un fallo histórico en el caso de Jineth Bedoya. Una reivindicación a su lucha por la libertad de expresión y en contra de la violencia de género.
Después de 21 años de negligencia absoluta, en la que llegó hasta a retirarse de la audiencia de juicio, el Estado colombiano perdió la batalla legal en el caso de la periodista Jineth Bedoya Lima. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) condenó a la nación por haber permitido el secuestro y la tortura, así como por ser responsable de la violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, honra, dignidad y libertad de expresión de la periodista. Un fallo crucial que deja entrever los horrores que vivió Bedoya en primera persona a comienzos de siglo, cuando el Estado cumplió un rol precario ante la protección de la libertad de prensa. Una sentencia histórica para la prensa en Colombia, para las mujeres periodistas y para cualquier mujer del país.
(En contexto: Colombia es responsable del secuestro y tortura de Jineth Bedoya: Corte IDH)
La CorteIDH emitió su fallo el lunes 18 de octubre de 2021. En 92 páginas, el tribunal internacional detalló cada uno de los hechos que permitieron que Bedoya fuera secuestrada y ultrajada sexualmente, todo bajo el conocimiento de agentes del Estado, bajo un plan orquestado por grupos paramilitares. Para finales de 1999, la periodista documentaba para este diario la guerra que libraba el paramilitarismo y la guerrilla en la cárcel La Modelo. A ese penal fue citada el 25 de mayo de 2000 por un emisario del paramilitarismo para recopilar información para su trabajo. A la entrada de la cárcel fue secuestrada. La llevaron a una bodega cercana y la amarraron. La golpearon. La humillaron. Fue ultrajada sexualmente y, horas después, fue abandonada en una carretera en Villavicencio.
“El Estado era conocedor de la situación de riesgo real e inminente de que Bedoya pudiera ser objeto de un ataque que pusiera en peligro su vida o integridad”, añadió la CorteIDH, que recopiló información sobre el hecho de que la Policía sabía de su trabajo y de amenazas en su contra. Días antes del secuestro, la Policía supo de anónimos que llegaron hasta la sala de redacción de El Espectador, e incluso a Bedoya le ofrecieron un esquema de seguridad que, finalmente, nunca le dieron. Como si fuera poco, la instancia internacional explicó que el mismo guardia que la recibió el 25 de mayo de 2000 en la cárcel le dijo que no tenía boleta a su nombre, pero que “sabía de su visita”. Para la CorteIDH no hay asomo de duda de que la visita de Bedoya “se realizó tras la aquiescencia previa por parte de agentes de la Policía”.
El Espectador